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POR UN ABORTO LIBRE Y EN LA SEGURIDAD SOCIAL
En estas últimas semanas se han incrementado las declaraciones públicas de diferentes agentes políticos del Estado español respecto a la más que posible reforma de la actual “ley sobre interrupción voluntaria del embarazo y salud sexual y reproductiva”. En efecto, parece evidente que el actual ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, de la mano de Rouco Varela y la Conferencia Episcopal, están pergeñando una reforma que amenaza los derechos de las mujeres sobre nuestro cuerpo y sexualidad, así como el control de nuestra capacidad reproductiva, y nos hace retrotraernos a una situación anterior a la que teníamos en 1985.

La presión por parte de los sectores más conservadores, retrógrados, machistas y caciques de la Iglesia Católica al actual ejecutivo está siendo más que patente, conminándoles a tomar cartas de manera inmediata en este (y otros) asuntos, y el actual gobierno del PP no duda en responder a estas presiones y hacer suyas las tesis más ultra-católicas, esto sí, en boca del que es el máximo representante de la Justicia, en un país que, según su Constitución, se declara aconfesional.

La sarta de barbaridades que Ruiz Gallardón ha ido filtrando en los últimos meses sobre su proyecto de contrarreforma –la última, textualmente, que “el peligro sobre la salud de la madre no debe ser entendido como pretexto”–, nos van helando cada vez más el cuerpo y el alma, y nos obligan a dar una respuesta pública y a enfrentarnos una y mil veces a esta ofensiva medieval, con tufillo a Inquisición, tras la cual está la misma hipocresía y doble moral de la que la Iglesia Católica y los sectores “bien pensantes” lleva haciendo gala durante siglos. Como hace 40 años, las ricas podrán abortar, aquí o en Londres, y las pobres se desangrarán en abortos clandestinos y mal practicados.

Nos llama poderosamente la atención cómo desde el PP se muestra tantísima preocupación por los fetos (“la vida de los no nacidos”, dicen), cuando a la vez se aplican políticas cada vez más radicales y violentas de recortes de derechos sobre las personas ya existentes y presentes. Tanta preocupación por un lado y tan poca por el otro: por las personas desahuciadas, las paradas, por las viejas y los viejos, las personas sin techo, con algún tipo de diversidad funcional, los niños y niñas maltratados o los que sufren abusos en el seno de la sacrosanta familia nuclear o de la Iglesia.

Como escribía Adrienne Rich hace ya más de un cuarto de siglo “el texto más profundo de esta ideología que nos intentan imponer no trata sobre el derecho a la vida, sino sobre el derecho a ser sexual, a separar la sexualidad de la procreación, a hacernos cargo de nuestra capacidad procreativa”.

Tras esta contrarreforma no está más que una violencia brutal hacia las mujeres y a nuestra reivindicación de poder decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida sexual y reproductiva. Además, de una defensa a ultranza de la familia nuclear heterosexual como base y sustento de este sistema capitalista patriarcal que nos machaca, cada vez de una manera más evidente.

Nuestros cuerpos y nuestras vidas son nuestros, no de la Conferencia Episcopal, ni del Opus Dei, ni del ministro Gallardón, son nuestros y los vamos a defender.
GEURE GORPUTZA, GEURE ERABAKIA.

Maite Huarte Sobrino.
Arabako Emakumeen Asanblada (miembro de la Coordinadora por el derecho al aborto de Vitoria-Gasteiz)

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